Para desenvolverse con acierto en el mundo exterior, pero también para sentir nuestros deseos y necesidades más genuinos o comprender mejor a los demás, la quietud y la escucha interior son el primer paso.

“He sido un hombre que busca y lo soy aún, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es agradable, no es suave ni armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos…”, escribió Hermann Hesse.

Somos grandes ignorantes en lo que se refiere a los problemas de la existencia humana, de nuestra existencia. Vivimos semidespiertos y, a veces, inconscientes de lo que sucede en nuestro interior.

Volcados en el exterior, eternamente distraídos por lo que pasa fuera, huidos de nosotros mismos, ¿cómo vamos a elegir lo que mejor nos conviene si ignoramos lo que de verdad necesitamos?

Curiosamente, dormidos o en ciertas fases de locura, podemos adquirir una gran lucidez mental, mientras que al despertar, pendientes de lo cotidiano, podemos perder todo entendimiento y desconectarnos de nuestras sensaciones, sentimientos y sabiduría.

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Fuente: Cuerpo y mente
Autores: Jaume Soler y Mercè Conangla